26 octubre 2006

Indigestión de Nachos

En Nacho Libre el estrafalario Jack Black se transforma en un luchador de los rings mexicanos. Su amigable personaje Ignacio es un antihéroe looser del que ya hemos disfrutado en otras oportunidades y que posee los rasgos clásicos que ocasionan una rápida simpatía del espectador.

Ignacio soñó toda la vida en convertirse en un gran luchador libre. Creció en un orfanato católico y ahora como cocinero del monasterio, debe preocuparse de alimentar a otros huérfanos. Es ahí donde comienza el conflicto interno de Nacho por cumplir uno de sus deseos más recónditos, ser reconocido. Claro está, que este tipo de vida va en contra de los principios conservadores en los que cree. Además, sus hormonas no le juegan a su favor con sus votos de castidad y lo siguen traicionando al ver a la cándida hermana Encarnación.

Los ingredientes eran perfectos para una comedia memorable. El joven director Jared Hess conocido por su película Napoleón Dinamita, el guionista de Escuela de Rock y Jack Black para el protagónico, que incentivan a cualquiera a pagar la entrada al cine. La estructura estaba comprobada que servía, sabemos lo que vamos a ver, un perdedor por naturaleza, el gordo simpático que se preocupa por los demás, claro que ahora no son niños de un colegio, como en Escuela de Rock, sino que personajes increíblemente carismáticos, con nombres de fácil empatía: Esqueleto, Chancho y Encarnación. Sin embargo, Nacho Libre no logra cuajar los recursos, ya que sólo se queda en el exceso de gesticulaciones de Black, sin avanzar en el desarrollo de los demás personajes y dejando caer el gran peso de la trama en las payasadas de él, simplemente en ver que es lo que hará en la próxima escena. De esta forma, la risa se limita a situaciones como un torso abultado desnudo, una morisqueta o golpes en la cabeza, que funcionan los primeros momentos, pero que se vuelven monótonos al correr los minutos.

Este escenario se ve empeorado con un spanglish que resulta irritable, como escuchar a los Backstreet Boys cantar “Nunca te haré llorar” o a Robbie Williams con “Ángel”, que puede ser chistoso y simpático para los norteamericanos, pero no para aquellos que nos criamos con la cultura del Chavo.

No todo está perdido, el punto positivo es que para los amantes de Jack Black (que no son pocos), esta película tiene de sobra. Así como algunos disfrutaban con las caras de Jim Carrey y sólo esperaban las cintas para poder disfrutar 90 minutos de rostros deformes, Nacho Libre es una oda a este nuevo fetiche de la comedia, que tiene sus acérrimos seguidores alrededor del planeta y que sin duda tendrán una nueva obra para su colección.








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